Observador Ciudadano Tu pagina de inicio



Los hogares mexicanos‏

Por Francisco Montfort Guillén

De acuerdo a las propuestas de Daniel Bell es pertinente conceptualizar y diferenciar entre hogar doméstico, economía de mercado y hogar público. Este autor parte de la idea de que el hogar -consiste en tener cosas en común... y necesariamente debe llegar a una comprensión común del bien común-. Cita a Aristóteles en La Política: -la tarea de administrar una casa se relaciona más con los seres humanos que con la propiedad inanimada; se relaciona más con la buena condición de los seres humanos que con la buena condición de la propiedad (que es lo que llamamos riqueza)-. En aquel entonces la guía eran las necesidades como límites naturales a falta de un principio público propiamente económico y sobre estas ideas se manejaban la economía doméstica y la economía política. Continúa Bell: en las sociedades modernas, la soberanía es la del consumidor y las decisiones de los individuos. Esta economía de mercado, burguesa, se basa en decisiones de individuos que reinvierten sus ganancias para producir más en beneficio de los individuos consumidores; por eso los fines de de la producción no son comunes, sino individuales, y ahora los motivos o guías de los individuos no son sólo sus necesidades, sino sobre todo sus deseos. Son pues, los individuos, no el Estado, los que constituyen la unidad para definir los fines primarios de la sociedad.

Ahora bien, el hogar público, es instituido para satisfacer necesidades comunes, pero los ingresos y gastos del Estado para satisfacer necesidades y aspiraciones públicas tienen como horizonte velar porque éstas sean convertidas en beneficios para personas individuales, con proyectos de vida propios en un marco de condiciones de libertad y equidad para todos. (D. Bell: Las contradicciones culturales del capitalismo).

La disociación teórica y práctica de los hogares privado, de mercado y público, tal y como son manejados en México, ha provocado que los seres humanos o personas o individuos o ciudadanos desaparezcan de la reflexión política y económica y su lugar sea ocupado por cosas (los factores de la producción) o por grandes abstracciones (las clases sociales). De esta forma el crecimiento de las variables económicas, los mercados financieros o las finanzas públicas o las reformas estructurales ocupan la escena de la discusión pública, en lugar de atender la satisfacción de necesidades y deseos de los mexican@s.
Resulta desmoralizante, es decir, desalentador y falto de moral, que el PRI se niegue a realizar las reformas legales que algunos de sus mismos miembros han promovido. Primero habría que destacar que el mismo partido tricolor hecha por tierra su propuesta y publicidad de que sus miembros si saben gobernar. Con su mayoría de diputados y con las alianzas entre los senadores, ahora tienen el poder suficiente para imponer la agenda de cambios y modelo de desarrollo que según sus propios dirigentes sacará al país del atraso que, por otra parte, ellos mismos produjeron. El modelo de desarrollo se construye en el Congreso y se pone en práctica desde el Ejecutivo. Y los priistas han demostrado una vez más que sólo pueden hacer proyectos si cuentan con el poder avasallante que significa el control de toda la escena gubernamental, pues esperan torpemente a ganar las próximas elecciones presidenciales y la mayoría del Congreso, con el artificio legal que utilizó antes el PRI, modificado por las reformas democráticas y hoy nuevamente propuesto por Peña Nieto, para demostrar que ellos si saben gobernar.

Aunque por el momento el mayor mal que le han causado a la sociedad mexicana, es haber atorado una vez más la reforma laboral con un proyecto que si bien contiene deformaciones, con propuestas contrarias a las lógicas de funcionamiento de una socioeconomía moderna, al menos permitiría modificar el estancamiento en que se encuentran las relaciones obrero-patronales. Las contradicciones son mayúsculas. Por una parte critican al gobierno federal por el problema de seguridad pública y proponen modificar la estrategias mediante el impulso de más y mejores escuelas y fuentes de trabajo. Y por otro lado se niegan a impulsar la economía de mercado que constituye la única fuente para promover una nueva política social.

Tanto el gobierno federal como la OCDE y muchos consultores privados testimonian con sus estudios que el mercado laboral mexicano no ha podido superar los efectos de la crisis reciente que afectó al mercado mundial y tampoco ha podido superar las fallas estructurales en que vive sumido desde hace un siglo. La pobreza y la desigualdad tienen en el mercado laboral a uno de sus principales componentes. Por eso los empleos en nuestro país son escasos, estacionales y mal pagados. La Ley Federal del Trabajo data de 1931, con una poco relevante reforma en 1970.Los trabajadores mexicanos, y más todavía las trabajadoras, tienen jornadas superiores a sus contrapartes los trabajadores de los países de la OCDE. Dedican 10 horas diarias, con cuatro horas no remuneradas, cuando trabajan de manera formal. Las condiciones de contratación y de despido ya no favorecen ni a los empresarios ni a los trabajadores, salvo en aquellos casos en los cuales las condiciones laborales obedecen a un patrón de privilegios rentistas. Desde 1931 el mundo laboral, empresarial y tecnológico han sido revolucionados para que se amplíen las horas libres y se creen empresas y empleos en el sector servicios; para que surjan consumidores con verdadero poder de compra que alienten el consumo, la fuerza motora de la economía y la invención modernas. La sociedad del ocio y la diversión en el lujo y la abundancia, la sociedad de la alta competitividad y productividad y la sociedad del conocimiento serán una realidad en México sólo a condición de que se revoluciones los mundos laboral y empresarial, y con esa base se revolucione la seguridad social y la seguridad pública.

Es comprensible que el PRI no tenga prisa para impulsar las reformas, pues su mundo idílico es el del dominio precapitalista, y también es explicable el apoyo que recibe de una izquierda que en México ni siquiera llegó a comprender la obra de C. Marx y sus propuestas sobre las condiciones de desenvolvimiento del capitalismo y la sociedad burguesa que han puesto como eje de su desarrollo a los individuos, a los consumidores y más específicamente a los seres humanos y no a los sindicatos, a los partidos y los organismos empresariales. Con este atraso teórico, los hogares mexicanos seguirán condenados al subdesarrollo, la premodernidad y al absolutismo político que tan bien les acomodan a nuestras élites.
















Suscríbete a nuestro Sistema Informativo,

Envia un mail con la palabra SUSCRIPCION,

(Suscribete aquí) Recibirás la información mas relevante de los acontecimientos que harán historia y tu podrás enterarte antes que nadie.