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Mujeres: individuos y madres

Por Francisco Montfort Guillén

De la conmemoración ideada por un antiguo director de Excélsior, a su asentamiento como uno de los rituales laicos más auténticamente celebrados en la cultura popular mexicana y de ahí a su entronización como festejo comercial, el Día de las Madres en nuestro país ha alcanzado niveles que revelan un conjunto de emociones y de relaciones que escapan a su desprecio por los intelectuales y a su redención económica por los empresarios. Los festejos permiten reflexionar sobre uno de los pilares de toda sociedad que es el de la maternidad, más allá de la reproducción biológica y de la reproducción de roles asignados a las mujeres por una cultura que presenta vacíos en las condiciones de igualdad entre mujeres y hombres en todas las edades.

Debiera sernos evidente que el papel de las mujeres como actoras sociales ha cambiado. En unos casos por su nivel de escolaridad, pero en su inmensa mayoría por las crisis económicas que las han empujado ha insertarse en el mundo laboral de manera desfavorable, es decir, de forma tal que sus condiciones de trabajo no están sustentadas en la racionalidad de la productividad sino en los requerimientos de mano de obra hábil pero no calificada profesionalmente, o con baja escolaridad, que permite imponerles salarios menores y horarios rígidos, situaciones que no consideran, precisamente, su doble condición de seres humanos portadoras de individualidad y de seres humanos creadores de nuevas vidas que requieren por lo tanto de condiciones especiales para cubrir esta doble condición.

La individualidad de las mujeres mexicanas constituye uno de los aspectos menos visibles y muy probablemente menos conocidos de nuestras  realidades. Y es muy probablemente, que esta reflexión sobre sí misma sea exclusiva de las mujeres de mayor escolaridad, experiencia laboral y cultural que en México forman una minoría. De esta reflexión sobre su ser individual, unida a su condición de madre, escribe Graciela Martínez Corona, estudiosa de composición musical, de literatura y escritora. <Era 7 de diciembre. A las ocho de la noche salí del cuarto de mis hijos llorando. Lloré en la cocina... Lo había intentado todo, arrullarlos, pedirles tranquilamente que se durmieran... ¡Puta madre! Comencé a regañar. No pude controlar la situación, hasta que decidí que era mejor salirme aunque lloraran, a mostrarles que soy esa persona desbordada que no puede más de agotamiento y frustración... Pero lloraba por el sentimiento de culpa que me provocaba haber sido un peso para mi mamá.... percibí su sensación... de que no estaba resolviendo bien la vida, que ni sus hijos ni ella recibían lo que creía adecuado, y que en gran medida no lo estaba dando... No tenía los recursos materiales, y seguramente tampoco emocionales para hacerlo... Me sentí muy triste... Me enojé con mi papá... Después me enojé con mi marido... Él... quien me ayuda mucho hay ciertas cosas que me las deja a mí... y lo hace esperar una gran dosis de agradecimiento, pues él es un hombre que sí ayuda... Definitivamente no quiero heredar ese sentimiento de culpa a mis hijos. Yo. ¿Por qué quise tener hijos?... ¿por qué no puedo irme de la casa y abandonarlos a todos, hijos, esposo, perro?... Creo que así como la sociedad "perdona" a los hombres de las muchas responsabilidades que se tienen al crear hijos, también hay un velo de protección y perdón, más silencioso pero igualmente machista hacia las mujeres por no ser adultas y responder por las decisiones que toman. Entonces me permito la "libertad" de ver mi maternidad como un peso espantoso, y una carga poco equitativa, comparándome eternamente con mi pareja... En lugar de plantearme a mí misma y a mis hijos  como una mártir condimentando con el chantaje patético de que son un peso para mí, haré el gran esfuerzo de asumir que en un momento decidí... tener dos hijos con mi marido además de una vida profesional...> (NEXOS, "La liberadora libertad de esclavizarse", abril 2011, Pp.41-42).

La modernidad se presenta de manera distinta para otros grupos de mujeres, quienes tal vez carezcan de los elementos intelectuales para razonar sobre su condición femenina y sus libertades... o lo hagan de otra manera, enfrentando sus adversidades sin tiempo y energías para desfallecer. Se trata de un conjunto de 22.3 millones de madres pobres: 1.5 millones vulnerables por ingreso; 2.8 en pobreza extrema; 6 millones no pobres o no vulnerables; 9 vulnerables por carencia social; y 11.8 de madres en pobreza de acuerdo con CEIDAS; México Social, del mes de mayo de 2011. Las cifras siguientes son de la misma publicación.

El fervor del 10 de mayo no debiera hacernos olvidar que en nuestro país la condición de los hogares ha venido modificándose por vías que combinan mayores libertades femeninas y mayores riesgos de vulnerabilidades que afectan a las madres y a sus hijos en un marco de pérdida de referentes socioculturales de reconstrucción de valores y conductas sociales de solidaridad y respeto. Los hogares familiares disminuyeron entre 2005 y 2010 de 92 a 90 por cada cien con hogares unipersonales, entre los cuales aproximadamente el 49 por ciento formado por mujeres solas, o de personas co-residentes. La familia tradicional formada por el núcleo padre-madre-hijos también ha vivido modificaciones. Hacia 1970 estos hogares representaban el 90% y ahora suman 70.9% de los hogares familiares. De los 28.5 millones de hogares, en 185,736 los jefes de hogar son menores de máximo 19 años de edad, y de ellos 50,114 son comandados por mujeres. Durante los últimos 10 años creció el número de hogares que tienen por jefe de familia a una mujer: de uno por cada cinco hogares se pasó a uno por cada cuatro para hacer un total de 6 millones 916 mil 206, y el porcentaje de hogares familiares suma 82.32%. Esta tendencia es constatable en todas las entidades de la república, colocando en primer lugar al Distrito Federal con 31.3%, y a Veracruz en cuarto lugar con 26.6%, porcentaje que se traduce en el nacimiento anual de 400 mil hijos de madres solteras. Estas cifras contrastan con las de Nuevo León que tiene el menor porcentaje de hogares con jefatura femenina (19.4%) seguido por Chiapas (20.17%).
Esta dinámica poblacional y de relaciones sexuales, de comportamientos individuales y colectivos exige de estudios especiales para conocer su forma de desenvolvimiento, sus efectos sobre la calidad de vida de quienes deciden vivir su vida a partir de una maternidad con soltería o a quienes les es impuesta por la fuerza, o por el azar de un descuido en las relaciones sexuales y deciden continuar con la gestación de los infantes. El crecimiento en los hogares liderados por mujeres debiera ser considerado en su excepcionalidad por las condiciones de salud y  seguridad social, de relaciones laborales y de calidad escolar que imperan en el país. En otros términos, los gobiernos debieran traducir el fervor de un festejo en la fuerza social transformadora mediantes políticas públicas que mejoren positivamente las condiciones de vida de las mujeres, a partir del proyecto de vida que cada una de ellas decida vivir porque valora sus deseos como realizables y defendibles.

  











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